Juan Calvino
Si fue mi corazón engañado acerca de mujer, y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo, muela para otro mi mujer, y sobre ella otros se encorven. Porque es maldad e iniquidad que han de castigar los jueces. Porque es fuego que devoraría hasta el Abadón, y consumiría toda mi hacienda. Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva, cuando ellos contendían conmigo, ¿Qué haría yo cuando Dios se levantase? Y cuando él preguntara, ¿qué le respondería yo? El que en el vientre mi hizo a mí, ¿no lo hizo a él? Y no nos dispuso uno mismo en la matriz! (Job 31:9-15).
Consecuentemente su conclusión es, "¿Qué haría yo cuando Dios me visitara? ¿No se levantaría contra mí? ¿Podría yo existir* delante de su rostro?" Cuando él me llame a rendir cuentas de toda mi vida, ¿cómo podría responder si yo no hubiera sido humano con mis siervos?" Este es un pasaje que implica una doctrina grande y muy útil, siempre y cuando sepamos aprovecharla. Porque si tenemos que ser humanos hacia nuestros inferiores, de modo que, teniendo los medios para oprimirlos, tengamos que imponernos ley y medida y gobernarnos a nosotros mismos, ¿cuánto más hacia aquellos que son iguales a nosotros? Porque pareciera que si alguien me es sujeto, me tendría que ser lícito usar de tal autoridad, que él no pueda hablar, y que yo pudiera hacerle cualquier cosa. Como vemos que los hombres actualmente se convencen ellos mismos de ser mucho más de lo que realmente son; y si Dios les da alguna porción de autoridad, ellos la aumentarán de tal manera que no habrá ni fin ni medios. No obstante, debiéramos proteger a aquellos que son inferiores a nosotros, y sobre los cuales hemos sido puestos. ¿Qué pasará entonces cuando tengamos que ver con nuestros iguales o superiores? Un señor será condenado delante de Dios si ha oprimido a su siervo con violencia, si él mismo se ha levantado con tal presunción y arrogancia que ya no permite a su siervo mantener un buen argumento; ¿y qué pasará si el siervo es rebelde contra su señor? ¿Qué pasará si un hijo se levanta contra su padre, o un súbdito contra su superior? Es cierto, esto es menos soportable.
Entonces vemos aquí una doctrina general y común; es que en primer lugar aquellos que han sido elevados a alguna dignidad debieran reconocer que Dios no los ha puesto allí para aflojar las riendas, para molestar a otros y para mantenerlos bajo sus pies; sin que ellos siempre tengan que mantenerse en humildad y modestia. Suficiente con esto para un ítem. Porque la autoridad que existe entre los hombres debiera ser valorada de tal manera que aquel que sirve y es pequeño, no por eso sea despreciado. Es cierto que un hombre quisiera tener una sierva en su casa, y no hay sierva más noble que ella; entonces, un hombre quisiera ser oído y obedecido solamente en su casa. Ahora vemos, sin embargo, que un señor no tendrá tal dominio sobre sus siervos y siervas que no tenga la obligación de escucharlos pacíficamente cuando se les ha hecho daño. Entonces, si un hombre en su casa privada debiera usar de tal humanitarismo hacia los que le son inferiores, ¿qué será de aquellos que tienen la autoridad de la justicia?
Porque no tiene dominio sobre sus siervos y siervas como los señores. Existe una autoridad y una preeminencia honorable pero no es para dominar de tal manera a otros, que éstos estén en servidumbre; al contrario, que los reyes y príncipes no se adulen a sí mismos dando la impresión de que el mundo ha sido creado para ellos, porque ellos han sido creados para la multitud. ¿Acaso los principados y reinos no fueron establecidos por Dios para el bien común? No era solamente para poner a dos o tres de ellos encima de otros. De ninguna manera; en cambio, es para que haya un poco de orden en la humanidad y un poco de buena conducta. Entonces, los reyes y príncipes debieran considerar cómo conducir a sus subordinados, a efectos de no pisotearlos, y para no ejercer tiranía sobre ellos; porque serán mucho menos excusables que los amos cuando haya tratado cruelmente a sus siervos y siervas. Entonces es algo tanto menos permitido a aquellos que son llamados para administrar justicia, a aquellos que están puestos como siervos de Dios para administrar el derecho a cada uno. Si se olvidan o si son descarriados por el orgullo, Dios seguramente tendrá que castigarlos con mucha mayor severidad que a los amos que hicieron alguna violencia o algún daño a sus hermanos subordinados. Además, ¿es esa la forma en que aquellos que tienen alguna autoridad se erguirán? ¿Qué de aquellos que son de la misma condición? ¿Cómo ha de vivir cada uno con su pariente y con su prójimo? Si una persona se levanta por sí misma cuando debiera reconocer la igualdad de aquellos que la acompañan, de manera de embestirlos como un toro (les pregunto), ¿no es necesario que semejante orgullo sea subyugado? Y si un hombre, sin tener más que repentino coraje, quiere usurpar tal autoridad para con sus semejantes, de manera que solamente los mirará con desdeño, al extremo de creer que todo el mundo debe temblar ante su mirada, ¿no será necesario que Dios ponga su mano sobre semejante bravata?
De modo entonces, notemos este pasaje; porque no es solamente para instruir a los amos en la modestia y el comportamiento humano, sino para todos en general, y por una razón muy grande. Y mientras seguimos viendo que Dios quiere que aquellos que son inferiores sufran y soporten a los que tienen autoridad sobre ellos; ciertamente cada uno tiene que considerar su estado y vocación y tenemos que aprender a conformarnos a tal modestia que un amo no oprima a sus siervos, que el siervo no se enoje contra su amo; sino que cada uno sea consciente de su tarea, de manera que Dios pueda ser servido en grado supremo. Eso es lo que tenemos que notar de este pasaje. Ahora, para estar más convencidos, si tal vez fuimos tan crueles en nuestra mente que hayamos querido usurpar más de lo que correspondía, sepamos que seremos condenados no solamente por la boca de Dios y de sus profetas, si en nosotros se ha mostrado esa crueldad y si hemos sido crueles con nuestros subordinados; pero, en tal caso, será necesario que los paganos, en el juicio final, sean nuestros jueces. Y he dicho que, de acuerdo a las leyes humanas, en aquel tiempo un amo tenía ese poder sobre la muerte y la vida de sus siervos. ¿Qué es lo que los paganos dijeron al respecto? "Tenemos que usar a nuestros siervos como a mercenarios, es decir, como a personas que hemos contratado, y que nos deben sujeción." 9 Entonces, si personas incrédulas que vivieron en el pasado tuvieron este sentido de humanidad, de que cada uno tenía que imponerse la ley, aunque tuviesen licencia de hacer lo que bien les pareciera con sus siervos, les pregunto, ¿qué excusa habrá para nosotros que fuimos iluminados por la palabra de Dios si no tenemos por lo menos la misma consideración? Entonces notemos que si Dios nos eleva a cierta autoridad es para probar nuestra modestia; y si él nos da siervos y siervas, sujetos a nosotros, es para ejercitarnos en nuestra actitud humana y en la rectitud que aquí se mencionan. Y que podamos mostrar que si Dios nos da alguna gracia especial, la cual nos extiende de su parte, nosotros, por ese medio, somos motivados a usarla con sobriedad. Y si Aquel que tiene todo el poder sobre nosotros, sin embargo, nos protege, es para que le sigamos voluntariamente como hijos suyos; y que, anhelando ser semejantes a él seamos humanos los unos con los otros. Además, sepamos que este poder es totalmente perverso cuando un hombre, al amparo de su autoridad quiere erguirse cruelmente sobre otros; es, afirmo, la señal de una naturaleza totalmente maligna cuando un hombre quiere elevarse así sobre otros por causa de su crédito. Al contrario, los de naturaleza benigna y amorosa ciertamente siempre serán considerados con sus subalternos; ellos mismos se pondrán límites, y tanto más cuando Dios les da autoridad. No se trata de una obligación impuesta desde afuera como en el caso de algunos que actúan como perros; cuando no pueden hacer otra cosa se echan y usan todo tipo de adulaciones, pero luego, cuando se han levantado, saltan hacia adelante mostrando que no tenían ninguna modestia, sino que eran de naturaleza abyecta la cual se considera villana y detestable. Y esto debería inducirnos tanto más a la modestia que el Espíritu Santo nos exige en este pasaje. Pero lo principal es que observaremos bien las dos razones que ya hemos mencionado, es decir (1) que tenemos un Creador del cual todos provenimos, y (2) que todos somos de la misma naturaleza.
Esto es entonces lo que tenemos que considerar, para aplastar todo el orgullo y crueldad que hay en nosotros cuando seamos incitados por ellos. Entonces, si un hombre tiene casa, y si Dios le ha dado sirvientes y siervas, y si es tentado a erguirse demasiado y de usar de excesiva severidad, que busque el remedio que aquí nos es declarado. ¿Cómo? Cuando yo trate cruelmente a mis siervos, quitándoles el pan de la boca, de modo que no se atrevan a comer una migaja sin que yo rezongue, oprimiéndolos más de lo necesario; en resumen, si me muestro cruel con ellos ¿con quién estoy luchando? Es cierto que son míos; sin embargo no los ha creado y formado Dios? ¿No tenemos un Maestro común en el cielo? Esto es lo que sostiene Pablo (Efesios 6:9) cuando exhorta a los amos a proteger a sus criados: "Amigos míos" dice, "aunque ustedes sean superiores a ellos, no obstante, tienen un Amo en los cielos; porque aquellos que son puestos en alto no por eso dejan de estar sujetos; porque Dios está sobre ellos. Entonces, consideren que tendrán que rendirle cuentas a Aquel que les ha dado los sirvientes." Teniendo esta consideración, ¿acaso no estamos obligados a guardar nuestros límites? Porque, ¿acaso tenemos estas cosas por nosotros mismos? ¿De qué manera llegamos a esa superioridad que cada uno tiene en su lugar? ¿Acaso no es como un bien que Dios ha puesto en nuestras manos? No debemos entonces ser sabios y usarlo según su voluntad? Incluso los paganos han sabido qué decir cuando quisieron establecer dominios soberanos: "Bien, es cierto que los reyes están hechos para temor y espanto, sin embargo, no pueden huir de la mano del Juez celestial; hay un Dios que está encima de ellos." Si esto se dice de príncipes que tienen una superioridad soberana, ¿qué de aquellos que son de clase menor, como los amos y la servidumbre? Y, además (como he dicho) reconozcamos que "tenemos todos un Creador común." Cuando seamos capaces de tener en cuenta que todos provenimos de un mismo Dios, tenemos que llegar a la conclusión cierta, de que no podemos oprimir a nuestro prójimo sin ofender a Dios. Entonces, que ninguno se levante en vanidad; (como dice Salomón en Proverbios 14:31 y 17:5), que aquel que burla al ciego o al pobre, desprecia a su Hacedor. Allí hay un pobre hombre al que he despreciado, y de esa manera lo he avergonzado; es cierto que en primera instancia la ofensa va dirigida a un hombre mortal, pero Dios lo pone delante suyo y toma la ofensa como dirigida a su propia persona.
Esto es entonces, lo que Job, o mejor dicho, el Espíritu Santo quiso hacer notar en este pasaje, diciendo que quien ha creado al amo también ha creado al siervo. De manera que, cuando seamos tocados por la vana presunción de apreciarnos más que a otros, queriendo tener tal dominio que los demás debieran cada uno obedecer nuestro juicio; que cada uno debiera arrojarse a nuestros pies, para que nosotros estemos en boca de todos; cuando ello ocurra reflexionemos así: "Aunque yo sea amo, Dios me ha hecho siervo; Dios lo ha formado a él, tanto como a mí." Pensar de esa manera será para subyugar la presunción que hubo en nosotros, para que toda altivez sea reprimida. También debiéramos tener la segunda consideración que se menciona aquí, es decir, que somos de una misma naturaleza. Porque, en verdad, Dios ciertamente ha formado a las bestias brutas, los árboles y otras cosas; pero a los hombres no los ha formado como a bestias, les ha dado inteligencia imprimiendo su imagen en ellos. Por otra parte, no puedo mirar a un hombre sin verme a mí mismo como en un espejo. Puesto entonces, que Dios ha establecido esa unión entre nosotros (les pregunto) el que trate de romperla, ¿no se está separando a sí mismo de la humanidad? ¿Acaso no sería digno de ser enviado de vuelta a los perros por no reconocer la naturaleza que Dios ha puesto en todos nosotros? ¿Pero qué? Muy pocas personas piensan en estas cosas; al contrario, se verá que cuando una persona es puesta solamente un punto más arriba ya pensará que no pertenece más a la gente común. Y tanto más hemos de notar cuidadosamente esta doctrina viendo que Job, en una época que todavía no disponía de la luz que tenemos ahora, sabía que por ser todos creados por el mismo Dios, puesto que a todos nos ha puesto en la misma categoría, debería corregirse el orgullo que hay en los hombres y toda ferocidad y altivez; les pregunto, ¿qué excusa tenemos si ahora Dios se declara a sí mismo como nuestro Padre? No solamente dice ser el Creador de la humanidad, de pobres y ricos, de siervos y amos, sino que él mismo se nombra nuestro Padre; entonces tenemos que tener hermandad entre nosotros a menos que queramos renunciar a la gracia de Dios, y separarnos nosotros mismos de su casa, en la que somos sus siervos. Vemos en qué extremo Jesucristo, el Señor de gloria, se humilló a sí mismo haciéndose siervo de siervos; así también nosotros tenemos una herencia común a la cual somos llamados, como lo dice San Pablo (Romanos 8:17). Entonces, siendo así aprendamos a humillarnos, y sabiendo que el orgullo y la crueldad nos cerrarán la puerta del paraíso seamos bondadosos y humanos hacia aquellos sobre quienes tenemos autoridad, puesto que el Señor los posee como a hijos. Y llevémonos de tal manera con ellos que Dios pueda ser glorificado por todos, por grandes y chicos, y sigamos un orden tal que cada uno pueda ser consciente de su deber, conforme a su vocación, y rindamos todo homenaje al gran Señor y Maestro, que es el Juez de todos nosotros.
Ahora inclinémonos en humilde reverencia ante el rostro de nuestro buen Dios.